domingo, 24 de noviembre de 2013



domingo, 24 de noviembre de 2013

Carta de un escritor a su Señora Presidenta.



Es urgente hablar de los ausentes, ya es tiempo de hablar de aquellos que se equivocan, es importante interrogar los ausentes, aquellos que viven sin democracia en general, es urgente hablar de los ausentes, es urgente hablar de las ausencias, es tiempo de hablar de los que siempre se equivocan, es urgente hablar de la libertad, es importante. 


Como escribió eternamente Vicente Luy: Si me equivoco contradíganme con amor,
porque con amor digo.

No pueden contra el amor. La ignorancia no debe triunfar.
Cuando escucho de Ciencia y Tecnología, pienso en la cultura y los sueños, y el vacío de la palabra. A Néstor le creí. Vivo en un lugar en que mi oficio está degradado, cuando la lucha es por la palabra. Creo en cambiar el mundo a través del arte, recuperar el sentido. Podría preguntarle ¿Dónde está Jorge Julio López?. Pero prefiero, elijo, como escritor ofrecer mi palabra de carne y hueso. Y como yo hay miles con miles de ideas de un mundo mejor. Los escritores no sabemos de índice y números, sabemos de instalar palabras, no tenemos prejuicios ni preconceptos, siempre hay excepciones, hace diez años que creo en este gobierno, como un ciudadano, acá nadie me regalo nada y todos los días busco a López. Amo el peronismo de izquierda, la idea de la Patria Grande. La palabra sueños es de los pueblos. Admiro las decisiones humanas de los presidentes, más que las decisiones políticas. Nos devolvieron la palabra esperanza que le prohibieron a Cafrune. El mundo nuevo le da la bienvenida a las utopías, y es lo que sirve para seguir caminando como dice Galeano. La realidad esta basada en un hecho histórico. El ayer no termina nunca. Los argentinos tienen que saber, revocaba con su voz cualquier cerebro que se le cruzara el albañil desaparecido. La información es para todos le refriega en la cara Assange al imperialismo, los inventores de lo que nos separa. Pienso en personas, me cuesta pensar en políticos, y que hicieron esas personas por los demás en su vida, algunos desaparecieron, otros robaron, otros enseñaron. Voy por las ideas. Por los que piensan sin mentir. Me cansé que me mientan. Tengo las pelotas llenas de que me mientan. Y cualquiera que vaya contra los mentirosos es mi candidato. Porque no se solo se merecen libros los asesinos, hay treinta mil libros por escribirse todos los días, y no lo harán los empresarios de la palabra, no lo hicieron en treinta años, ¿porqué lo harían ahora? Los albañiles como Jorge Julio López que mueren todos los días en nombre del progreso, albañiles y maestros como Carlos Fuentealba, quién escribirá la historia de los niños que mató la policía, que sólo llenan páginas de policiales cuando deberían salir en cultura en los medios. Los demás también somos nosotros. Creo en Marcelo Dughetti, poeta de la llanura, el cree en el modelo, él sabe lo que es el hambre. No hay que validar ese discurso que nos ha ido desapareciendo en nombre de la estupidez, ¿Y vos de que trabajas? Soy escritor, pero en serio, ¿de que trabajas? En todos los sectores hay buenos y malos, llegó la hora de que a la historia la escriban los buenos. Vivir solo cuesta vida. Hoy es el futuro. Esta es una carta en nombre del mientras tanto. Hay esperanza contra la estupidez, todos los días alguien piensa. Es urgente hablar de los analfabetos que no usan Twitter, Facebook, y todos los días sostienen el país, y votan. Por los que viven en la calle. A ellos todo. Los reconocimientos llegan demasiado tarde para los artistas, generalmente después de muertos, le ponemos nombre a todo y en vida son degradados. Tengo tatuado el N2 en mis dos brazos, no me gustan los Nª1, creo en la tinta en la sangre en todas sus formas. No quiero envejecer escuchando las mismas quejas. Me alegro saber que Máximo, (nombre de tres generaciones en mi familia Ferreyra, de mi abuelo, padre y hermano) le puso Nestor Iván a su hijo. Todo lo que digan acerca de mí es cierto. El que abandona no tiene premio. Es el tiempo de los artistas. Todo ser humano es un artista. Basta del aburrimiento del capitalismo, es tiempo de la alegría de la patria Grande. Gracias y me temo que sea poco. Por los programas de radios comunitarias, miles próximos a cumplir más de veinticinco años, sin dejar de pelear cada día por la palabra independiente, pura, nacida del pueblo. Yo sé que usted está cansada y necesita descansar, pero hay artistas que se mueren de tristeza dónde prometieron sueños. ¿Por qué no darle a los artistas el país para que lo pinten de colores? Estética contra la derecha. Como el Che Guevara y Tupac Amaru en los tanques de Milagro Sala, y el agua vale más que el oro, cualquier cosa vale más que el oro. Tengo una brasa en la boca. Hablo como hombre del sur, de la llanura viendo como filman cine de terror. Para mí el peronismo es una casa con olor a comida, y abrís la puerta y ese olor se vuelve abrazo. Nos une la injusticia. Todos los días pelamos cebollas para llorar a los que no están, y en días de lluvia nos abrazamos a la esperanza de la palabra que crece como esos árboles que no mueren nunca. Creo en el Flautista de Hammelin. Creo en el “No nos matemos en nosotros”, de Lucas Bosio, referente barrial de Las Tablitas, un lugar en Villa El Libertador que nos necesitan, a una cuadra de ahí hay un Hospital de primera generación que usted inauguró, Príncipe de Asturias se llama, no tiene médicos, es como si le hubieran dado un avión a cada vecino y no le hubieran dado el piloto, y esos vecinos se desangran en preguntas. Villa El Libertador, el barrio de Pituca Avendaño y de la Chacha Villagra. Días extraños en que se puede hablar de todo. Hasta se dice lo indecible. Muchos nos quedamos en el medio de esta lucha contra Clarín (necesaria e indispensable), y no precisamente por tibieza, por momentos era una batalla ABC1, o flaquezas en torno a las cuestiones ambientales, silencios que hacen ruido en todo el país. Son los únicos fragmentos que se multiplican. Vivo rodeado de travestís que todos los días se preguntan como seguir. Creo en Julián Assange y en su revolucionario “La información es para todos”. Hay que vivir sin esa obsesión absurda de querer cambiar a todo el mundo, eso es imposible. Cada uno se las ingenia para pelear como puede, yo lo hago con dos máquinas de diez años, con menos memoria que un facho, un televisor de antena a rayas, cien blogs y las palabras urgentes. Creo en Polosecki y en lo que sembró, no es el hecho de recordar las historias, sino el hecho de no poder olvidarlas. Más si vivimos en el país en que cada uno cree que su vida merece un libro. Todos los días hay tres o cuatro marchas en nombre de algo, y ese algo siempre se parece. Busquemos la palabra que nos una, que nos hermane. Este último tiempo demasiadas familias fragmentadas por confusiones ideológicas, convengamos que esto nos atravesó a todos. El sueño de Nestor. Soy el hijo de una enfermera y de un mozo. Soy el hijo de una artista plástica y de un empleado de Vialidad Nacional, hijo de un capataz de Vialidad.
Querida Cristina, me duele el cuello de estar de acuerdo en tantas cosas, tantas, con el rumbo del modelo, sólo pongo énfasis en que el agua vale más que el oro, y la palabra vale más que el oro. Pienso en Anibal Troilo y cuando se sentaba en los bares, con billetes saliendo de sus bolsillos, y los habitantes de la noche sacando su parte entre trago y mordida, alguien le preguntó el porque de esas acciones, y el sólo dijo que los dos resolvían algo. Uno no tenía que pedir y el otro no tenía que dar. Hay tantas maneras de sembrar la dignidad. Los artistas curan y educan, y no conozco a ninguno que se niegue a compartir dicho don.
Le escribo a usted querida presidenta, porque nos pidió que le acerquemos ideas, y porque como escritor ya no sé a quién pedirle en un sector en vías de extinción. Soy de los que creen que si en un medio dice “una travestí” en vez de “un travestí” es una batalla ganada. Creo en el amor de los violentamente mal llamados mogolicos, en ellos el amor es puro. Sí hay algo que no se llevó la dictadura es el alma, desde ahí construir el abrazo de la patria grande.
También se agotó el tiempo de llenarles los bolsillos a los aduladores profesionales. No creo en los derechos de piso, los que vienen no deben padecer lo que vivimos nosotros, que vivan mejor. Creo en el peronismo de Leonardo Favio y de Osvaldo Soriano. Los argentinos sueñan con cantar en inglés, escribiendo a Europa como si jugarán al Quini Seis. Debemos recuperar los nombres que nos sacaron, de plazas, calles teatros, clubes de fútbol. Un detalle. Las Estrellas Rojas de Villa El Libertador que un decreto de Videla les obligo a llamarse Las Estrellas un 25 de Mayo de 1976, no hay día en que no sueñen con recuperar ese nombre. En este país siempre tenés uno colgado queriendo lo que vos tenés, tan solo porque el capitalismo les lleno las venas de esa voracidad inútil, los llenó de palabras inaccesibles. Es urgente una organización intelectual, dirigida por intelectuales honestos, desinteresados, populares, buscar esa ética que la historia se merece como plantea Osvaldo Bayer. Salvemos la palabra sueño, que no sea un premio en un show de Tv, que la palabra Rebelde no sea un formato televisivo, que el Ser no sea una marca de Yogurt.

Los egos prehistóricos son el palo en la rueda, hay que darle lugar a los amores propios. Alfabeticemos, compartamos oficios, por la dignidad de los que escriben la historia.
Sin poesía no hay pueblo. Escribamos con el alma, “No quiero nada para nosotros que no sea para todos”, vamos por las ideas y su distribución, el pensamiento es un trabajo. Me cerraron todas las puertas, me tildaron, intentaron callarme, llenarme de miedo, acá sigo, abrazado a la palabra que se acerca a la verdad. La ética y la honestidad de la historia escrita por el pueblo y no por las corporaciones. Nunca más la ignorancia. Nunca más en serio. El arte es a lo que menos dinero se le destina y es lo que más felicidad ha dado. Hay una mentira del mercado editorial manejadas por escritores adinerados que compran lectores y medios, y llevan a cabo un genocidio cultural que sólo promueve ignorancia en nombre de la intelectualidad.
La palabra es el último movimiento del cuerpo.
He visto muchos artistas morir en la indigencia, en el hambre del olvido.
Ese es un Nunca Más en serio, como usted dice Querida Presidenta.
Para mí siempre será, Cristina, la compañera del soñador. De Él.
Y lo digo porque puedo. Orgullosamente vivo en un país que puedo decir lo que pienso.
La urgencia del sueño.
Hay que detener tanta exuberancia.

Iván Ferreyra
Corresponsal Popular
Villa El Libertador